
Desolado, apesadumbrado, sin afeitar y con tanto olor a alcohol y perfumes baratos que de hecho era un peligro a la sociedad por la flamabilidad en mi persona, vacaciones en la playa escocesa que estupidez!!!.
Entre a una taberna detrás de dos marineros con grandes abrigos raídos, al ingresar, la media luz y el exceso de humo de tabaco hicieron mis párpados mas pesados, giré la vista y una mujer me quedó mirando. Tendría unos 35 años. Pelo corto a la garçon y cara de amazona en las sabanas. La miré fijamente, como hipnotizado por su recia belleza. Ella me retribuyó con una sonrisa muy sugestiva y me guinó el ojo.
Para asegurarme de que era efectivamente a mi a quien ella se dirigía, me di vuelta. No vi a nadie detrás de mí y mientras hacia esto se me acercó.
“- Hola” –le dije.
Ella respondió con la misma sonrisa y me quedó mirando expectante. Hubo un silencio. Poco a poco, esa cara más que amigable se fue transformando. Desapareció la sonrisa. Ahora, me miraba seria, reacia.
“-¿Cómo te llamas? –pregunte tratando de esbozar una sonrisa, buscando volver a generársela a ella..
No me respondió. Me miró más seria aún y se le fueron frunciendo las cejas entre enojada y desconcertada.
“- Don’t you remember me mate? – dijo ella. Con un marcado acento escocés.
Que estúpido, la costumbre de decir siempre hola, la costumbre de hablar español.
-No. Have we met before? – respondí con acento de foreign student. Hubo un silencio.
Se quedo mirándome.
-You’re kidding, right?” – replicó ella.
- No, ‘am not, should i? - y la miré serio.
- We were dancing all night, last bloody night – me contestó sin confesarme cómo había terminado la noche y sin creerme que no recordara. No parecías estar tan borracho la noche anterior también me replico, tratando de encontrar una excusa a mi comportamiento.
Le pregunte varias veces si estaba absolutamente segura. Respondió que sí cada vez sin poder ocultar su decepción.
Intente seguir la conversación cambiando el tema y explicándo que tal vez me estuviera confundiendo, pero la situación se volvió demasiado extraña, así que decidí terminarla.
- This is awkward. Nice to meet you. Must have been someone else. – Le dije.
La mujer estaba enojada. No respondió. No me creía y no había manera de que la hiciera cambiar de opinión.
Me aleje consternado. Estaba seguro de que la noche anterior había bebido en el bar del hotel mientras afuera llovía a cantaros y que después subí a mi habitación donde me quedé dormido como un lirón, había llegado a la playa después de doce horas de manejar sin parar. Había dormido casi 14 horas. Incluso recuerdo distantes imágenes de lo que soñé esa noche.
Estaba en la playa, en el mismo hotel y, luego salí, pero la lluvia arreciaba y regresé sobre mis pasos, extrañamente me equivocaba al entrar al hotel y me metía en otro lugar. El recuerdo era muy vago. Recordaba subir una escalera de tablones viejos de madera, darme cuenta de que ese no era el hotel y salir. Luego, recordaba llegar al hotel, entrar sin inconvenientes a mi habitación y recostarme.
Después de un rato en la barra bebiendo escocés en las rocas olvide el extraño encuentro y seguí mi noche. Al llegar al hotel, me di cuenta de que tenía unas manchas de sangre en mi pierna. Me había raspado en tres partes distintas de la pierna izquierda. No era la primera vez que encontraba heridas leves en mi cuerpo sin acordarme cómo me las había causado, pero creo que a todos nos pasa, de repente nos encontramos alguna que otra raspada o moretón sin recordar donde nos habíamos golpeado, le reste importancia.
A lo largo de mi estadía en la playa, me volví a cruzar varias veces con la mujer. No volvimos a hablar. Parecía seguir enojada conmigo. Cada vez que la veía, me venía un sentimiento extraño en el estomago, en las entrañas. Ella me miraba sin perdonarme y yo impávido de mi culpa no podía remediarlo. Durante ese viaje me sucedieron otras cosas un tanto extrañas. Me cruce con un par de personas por la calle que me saludaron con una sonrisa leve como si me conocieran. Un rasta mestizo, una chinita muy simpática y un gordo con pinta de pederasta. No entable conversación con ninguno de ellos, pero por cortesía asentí para saludarlos.
Todo era demasiado extraño, pero supongo que para eso viajas, para salir de la rutina. Al regresar a México, los indicios se volvieron más evidentes. Mi vida se volvió extremadamente rara. Ya no conseguía restarle importancia a las cosas que me sucedían. Comía más de lo habitual. Durante un par de semanas, me levanté con dolores musculares, sobre todo en los pectorales y los brazos. Al cabo, de un tiempo me di cuenta de que estaba ganando peso. Lo extraño era que me estaba volviendo musculoso y hacía tiempo que no levantaba las pesas que me había comprado en una de esas tiendas cursis de “año nuevo vida nueva”. Mis bíceps, pechos y hombros estaban hinchados, era muy bizarro todo aquello.
Nunca había sido muy bueno para acordarme de mis sueños. Me quedaban memorias vaguísimas de sentimientos, caras, lugares, etc. Me costaba mucho asociarlos y recordar historias o eventos relacionados. Estaba bastante acostumbrado a eso pero al regresar de las vacaciones, mis sueños desaparecieron por completo. Cada noche me sumergía en un espacio negro que no me dejaba absolutamente nada. Luego de unos días, me comencé a preocupar.
Me angustiaba pensar que mi mente se podía alejar tanto de mi conciencia durante las horas de sueño. Antes de dormir pedía a los dioses que me dejaran acordarme de algo. Por más vago que fuera...pero nada.
Me levantaba cada vez más cansado. Algunos días, agotado. Mi ropa a veces olía muchísimo a tabaco. Era fumador, pero si no salía de noche, no me fumaba más de dos o tres cigarros. Las inexplicables pequeñas heridas se volvieron recurrentes.
Ya nadie me hablaba, ni familiares, ni amigos respondían a mis llamadas, en la oficina sin previo aviso una mañana ya había alguien ocupando mi lugar, trate de hablar con mi jefe pero este no me recibió, supongo que mis constantes faltas y errores por fin habían hecho mella en mi rendimiento, así que solo ocupé un cubículo afuera de mi oficina, no iba a renunciar así como así, y mientras no me despidieran formalmente podía seguir con algunos proyectos.
Una mañana amanecí helado y con el pene irritado, como si hubiera tenido una activísima noche de pasión. Tenía olor a perfume de mujer en todo el cuerpo. No recordaba absolutamente nada. Me vi ojeroso en el espejo del baño y me metí en la ducha como todas las mañanas. Me cepillaba los dientes bajo el agua cuando me invadió un sentimiento, una angustia mezclada con pena y culpa. No tenía la menor idea de dónde provenía ese sentimiento. Me mire al espejo al secarme y salí a la recamara.
Mis cosas estaban bastante ordenadas. Más que de costumbre. No tenía recuerdo de haber ordenado el depto en los días precedentes. Entro a la sala y vi que mi botella de whisky había bajado sustancialmente. comencé a preparar el café de todas las mañanas. Encendí el televisor como siempre y me senté en mi sillón favorito. Al sentarme lo sentí distinto. Hizo un sonido nuevo. Me levante y me di cuenta de que había una mancha de sangre coagulada bastante grande. También había unas manchas en el piso. Me entró pánico y luego desconcierto. Me quite la bata y me inspeccione el cuerpo. No tenía ninguna herida grave.
Me preocupe. ¿De quién podía ser esa sangre?
Comencé a inspeccionar el apartamento. Abrí closet y muebles tratando de no pensar en lo que estaba buscando. Nada. Me percaté de que el edredón de mi cama faltaba. Lo busque por todos lados y no lo encontré. Me senté a pensar mientras tomaba mi ahora helado café. Nada. Todo negro. Mi memoria no podía entregarme absolutamente nada. Recordé las páginas que leí antes de dormirme la noche anterior. Me acorde hasta de las vueltas que di antes de quedar dormido... Nada más.
Claramente escuché como tratarón de abrir mi puerta, incluso escuche como introdujeron la llave, me apresuré y active el seguro, pregunté quién era pero no obtuve respuesta, escuché murmullos y se alejarón, despues de algunos minutos abri la puerta y el pasillo estaba vacio, ¿que estaba pasando?, en el apartamento no había más evidencia que la mancha en el sillón y la ausencia del edredón.
Me vestí rápido y bajé al auto, lo encendí y mientras abrí la cajuela para meter mi portafolios y la pequeña mochila que llevo siempre con tanta madre como el PSP, el DS, el Ipod y sus respectivos cargadores, cigarros y alguno que otro libro, pero al ir hacia atrás del auto, mucha sangre.
Mis ojos se abrieron por si solos. Tanta sangre me trajo algo como recuerdos de mi infancia cuando viajaba al campo y veía cómo desollaban los peones de la abuela a las ovejas. sentí como mi corazón empezaba a latir muy rápido.
Cerré la cajuela de golpe y me senté frente al volante sin salir de mi espanto, con la mirada fija en un punto incomprensible.
¿Había matado a alguien?
No podía salir en el auto. Tal vez alguien me había visto deshacerme del cuerpo.
Si así era, seguro se lo había descrito a la policía al hacer la denuncia. Quedé helado.
Me entró un sueño muy profundo. Era un agotamiento... en agotamiento existencial. La incoherencia de todo lo que estaba sucediendo y su impotencia me derrotaron. Casi dormido comencé a escuchar voces, muchas, demasiadas, repetían frases ilegibles, inaudibles, voces roncas que se escuchaban como “soblunamo nambu oblos omunalbos”.
Las palabras comenzaron a hacer eco en mi mente. Luego de unos minutos decía: “sonámbulo, sonámbulo, sonámbulo, sonámbulo”.
Cuando el sonido de todas esas voces se volvió una sola, comencé a comprender las cosas con una claridad epifánica sin precedentes.
Nunca en mi vida había sabido las cosas con tanta certeza, millones de imágenes, memorias perdidas, noches de amor y desencuentros, de vidas completas vividas. Recordé todo. Supe entonces que había sido sonámbulo, toda la vida y que, en una de esas inalcanzables noches, maté a alguien y me pegué un tiro.
Las voces comenzaron a tomar formas indescriptibles, sombras amorfas y luces cegadoras, todo al unísono...Estás muerto, me decían mientras reía, mientras me devoraban.